La codicia… a un costo de 400 mil millones de dólares

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La inflación, la crisis crediticia y la desaceleración general ponen nerviosos a los economistas de los países europeos, pero sus ministros no se ponen de acuerdo. ¿Cuál es la solución?
El debacle de las hipotecas subprime ha abierto una brecha en la economía mundial, donde las arenas movedizas al fondo son una advertencia más contra la voracidad financiera y la falta de transparencia que trae aparejada.

Los jefes financieros del G7 advierten sobre la incertidumbre y desestabilización económica. El desconcierto al que nos ofrendan en sacrificio las instituciones financieras, como ovejas al matadero, tiene su base en la competencia feroz para vender préstamos y adquirir clientes. Millones de consumidores seleccionados como un blanco certero, aunque sin una base sólida para pagar créditos a los que se atrae con falsas promesas y letra minúscula imposible de leer, además de información engañosa sobre productos financieros y un futuro próspero como propietarios. Un sueño dorado tan difícil de creer como duro de tragar una vez pulverizado por la realidad.

El objetivo, vender. A toda costa. A costa de la casa del matrimonio con un hijo, que no solo pierde su casa, sino todos los meses del pago de la hipoteca, sorpresivamente más alta de lo calculado por el asesor financiero. Y como ellos todos los que perdieron y siguen perdiendo sus casas, sometidos a cuotas imposibles de pagar.

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400 mil millones de pérdida no sólo designan la ruina de miles de hogares, sino las secuelas de la desestabilización. Las compañías se preparan para el despido del personal, al ajustarse el cinturón a desgano, incómodamente, por la barriga más llena de lo normal. El desempleo que, a su vez, provoca menor asequibilidad, que a su vez provoca pérdidas a la industria y el comercio… todo en un ciclo de efecto dominó. Hasta la caída más violenta, al final de la fila. La última pieza: el valorado “consumidor”. 

El crecimiento económico y los servicios financieros: una trampa que esta vez no sólo liquida a las víctimas de siempre, sino también a la economía mundial y sus multimillonarias empresas. ¿Se avecinan tiempos difíciles? No, ya están aquí. 
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