Alfonsina Storni

 

 

    29/05/1892 – 25/10/1938

 

 

Poeta argentina de origen suizo. El rasgo más característico de su producción fue un feminismo combativo que se observa en el poema Tú me quieres blanca, motivado por las relaciones problemáticas decisivas en su vida. Madre soltera, a pesar de los tabúes sociales de la época, se elevó sobre todo juicio por el valor de su poesía, como una de las primeras mujeres poetas reconocida en su propio tiempo.

 

La familia Storni emigró a la provincia de San Juan desde Lugano, Suiza, en 1880 en búsqueda de un futuro mejor. Allí comenzaron una pequeña empresa familiar, y años después, las botellas de «Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía», se vendía en toda la región. Sin embargo, en 1981 los padres de Alfonsina decidieron regresar a Suiza, con sus dos hijos pequeños. Un año más tarde nació Alfonsina en el pueblo de Sala Capriasca. Cuatro años después, la familia regresó a San Juan. En 1901, la familia se trasladó a la ciudad de Rosario.

Paulina, su madre, pasó a ser la cabeza de una familia numerosa y pobre, que no podía contar con el padre de Alfonsina. Instalaron el Café Suizo, cerca de la estación de tren, pero no tuvo éxito. A los diez años, Alfonsina dejó sus estudios para lavar platos y atender las mesas. Luego de la muerte de su padre en 1906, decidió emplearse como obrera en una fábrica de gorras.

 

En 1907 llegó a Rosario la compañía de teatro itinerante de Manuel Cordero. Con quince años, Alfonsina reemplazó a una actriz que se había enfermado, y le pidió a su madre que le permitiera convertirse en actriz y viajar con la compañía. Así recorrió Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán donde representó Espectros, de Ibsen, La loca de la casa, de Pérez Galdós, y Los muertos, de Florencio Sánchez. La vida en el teatro se le hizo insoportable en un ambiente que la asfixiaba. Al regresar a Rosario, se encontró con que su madre se había casado.

Entonces decidió retomar sus estudios y entró en la carrera de magisterio en Coronda, donde obtuvo el título de docente y ganó un lugar sobresaliente en la comunidad escolar.

Se vinculó a dos revistas literarias, Mundo Rosarino y Monos y Monadas en las que se publicaron algunos de sus poemas, al igual que en Mundo Argentino.

A finales de 1911, decidió trasladarse a Buenos Aires. El nacimiento de su hijo Alejandro, sin padre conocido, en abril de 1912, la define como una mujer que se enfrenta sola a sus decisiones. Trabajó como cajera en una tienda en Florida y Sarmiento. También publicó en la revista Caras y Caretas. Su primer libro, La inquietud del rosal, publicado con grandes dificultades económicas, apareció en 1916.

 

Amado Nervo, el poeta mejicano paladín del modernismo junto con Rubén Darío, también publicaba sus poemas en Mundo Argentino, lo que da una idea de lo que significaría para una muchacha desconocida de provincia, compartir esas páginas.

 

En 1919 Nervo llegó a la Argentina como embajador de su país, y frecuentó las mismas reuniones que Alfonsina. Vinculada entonces a lo mejor de la vanguardia novecentista, se carteó con el uruguayo José Enrique Rodó, otro de los escritores principales de la época, modernista autor de Ariel y de Los motivos de Proteo, que también escribía, como ella, en Caras y Caretas. Ambos contribuyeron a esclarecer los lineamientos intelectuales americanos a principios de siglo, como lo hizo también Manuel Ugarte, cuya amistad le llegó a Alfonsina junto con la de José Ingenieros.

     A pesar de las dificultades, entre un mundo literario dominado por los hombres y las necesidades prácticas de criar y mantener a su hijo, Alfonsina continuó escribiendo. En 1918 publicó El dulce daño con la presentación de Roberto Giusti y José Ingenieros, su gran amigo y protector, a veces su médico. Al reponerse de una crisis emocional por exceso de trabajo, que la obligó a dejar momentáneamente su trabajo en la escuela, comienzan sus visitas a la ciudad de Montevideo, donde hasta su muerte frecuentará amigos uruguayos como Juana de Ibarbourou.

     En 1922, Alfonsina ya frecuentaba la casa del pintor Emilio Centurión, de donde surgiría posteriormente el grupo Anaconda. Allí conoció al escritor uruguayo Horacio Quiroga, que vivía modestamente de sus colaboraciones en diarios y revistas y desempeñó un papel protagónico en el intento de profesionalizar la escritura. Entonces Alfonsina ya había publicado sus libros Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).

     Quiroga la nombra frecuentemente en sus cartas, sobre todo entre los años 1919 y 1922. Cuando Quiroga resuelve irse a Misiones en 1925, le pide que se vaya con él y ella, indecisa, consulta con su amigo el pintor Benito Quinquela Martín. Aquél, hombre ordenado y sedentario, le dice: “¿Con ese loco? ¡No!”.

 

En 1923, la revista Nosotros, líder en la difusión de la nueva literatura argentina, publicó una encuesta sobre los tres más respetados poetas del momento. La mayoría de las respuestas coinciden en un nombre: Alfonsina Storni.

Con su libro Languidez, obtuvo el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura.  En 1925 se publicó Ocre, un libro que marca un cambio decisivo en su poesía. Desde 1923 trabajó como profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas, y su lugar como escritora está afianzado entre el público y otros poetas. José Ingenieros muere y esto ahonda en su soledad.

Gabriela Mistral la visita y luego publica un relato de este encuentro.  La chilena queda impresionada por su sencillez, su sobriedad, su escasa manifestación de emotividad y su profundidad.

 

Alfonsina intervino en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y su participación en el gremialismo literario fue intensa. En 1928 viajó a España en compañía de la actriz Blanca de la Vega, y repitió su viaje en 1931, en compañía de su hijo. Allí conoció a otras mujeres escritoras, y la poeta Concha Méndez le dedicó algunos poemas. En 1932, publicó sus Dos farsas pirotécnicas: Cimbelina y Polixene y la cocinerita. Colaboró con el diario Crítica y en La Nación; y dio clases de teatro. 

En 1931, el Intendente Municipal nombró a Alfonsina jurado, primera vez que ese nombramiento recae en una mujer. Alfonsina se alegró de que comenzasen a ser reconocidas las virtudes que la mujer, esforzadamente, demuestra. 

En la Peña del café Tortoni conoció a Federico García Lorca, durante la permanencia del poeta en Buenos Aires entre octubre de 1933 y febrero de 1934.

 

El 20 de mayo de 1935 Alfonsina fue operada de un cáncer de mama. La operación le dejó cicatrices físicas y emocionales profundas que acentuaron una constitución emocional extremamente sensible. Tras el suicidio de Horacio Quiroga en 1936, Alfonsina le dedica un poema de versos conmovedores, que presagian su propio final:

 

En enero de 1938, en Colonia, Uruguay, el Ministerio de Instrucción Pública organizó un acto que reunió a las tres grandes poetas sudamericanas del momento, en una reunión sin precedentes: Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Hacia mitad del año apareció Mascarilla y trébol y una Antología poética con sus poemas preferidos.

 

Los meses que siguieron fueron de incertidumbre y temor por el carácter renuente de su enfermedad. El 23 de octubre viajó a Mar del Plata y hacia la una de la madrugada del martes veinticinco Alfonsina abandonó su habitación y se dirigió al mar. Esa mañana, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. A la tarde, los diarios titulaban sus ediciones con la noticia: “Ha muerto trágicamente Alfonsina Storni, gran poeta de América”.

     El 21 de noviembre de 1938, el Senado de la Nación rindió homenaje a la poeta en las palabras del senador socialista Alfredo Palacios­:

 

     “Nuestro progreso material asombra a propios y extraños. Hemos construido urbes inmensas. Centenares de millones de cabezas de ganado pacen en la inmensurable planicie argentina, la más fecunda de la tierra; pero frecuentemente subordinamos los valores del espíritu a los valores utilitarios y no hemos conseguido, con toda nuestra riqueza, crear una atmósfera propicia donde puede prosperar esa planta delicada que es un poeta”. Alfredo Palacios

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2 Responses to Alfonsina Storni

  1. Emma dice:

    Alejandra, es en homenaje a ella la canción que canta Mercedes Sosa, Alfonsina y el mar? Siempre me ha emocionado esa canción, solo que no sabía de quién se trataba (nosotros los brasileños sabemos muy poco de los hermanos hispanohablantes, cuanto más de las hermanas…). Un abrazo, Emma

  2. Hola, Emma. Sí, claro es en su homenaje, con música de Ariel Ramírez y letra de Félix Luna. Entonces, gracias por el interés… Un abrazo, A

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