Las mil omisiones de Babelia

 

         

El País acaba de celebrar las mil portadas de Babelia. Mil números de una revista cultural cuya trayectoria comenzó el 19 de octubre de 1991. Ángel Harguindey nos dice en el número 1000: “Son portadas de literatura, música, arte, fotografía, arquitectura, diseño, moda, teatro, cine y pensamiento. Remiten en la mayoría de los casos a individualidades, a nombres propios que por una u otra razón estaban en ese momento en la cresta de la ola. Naturalmente, también hay homenajes a una vida y una obra al margen de su actualidad inmediata y las hay con contenidos temáticos. En resumen: hay de todo como en botica.”

 Todo menos un lugar de relevancia para la mujer, como se hace más que evidente en las pocas fotos en portada que representan al género femenino. Las fotos que exhibe en su número mil para representar las mil semanas de cultura muestran rostros femeninos sin identidad. Rostros bellos. Sin una vida que los avale, una substancia que suponga su espacio dentro de la revista, que los acredite y por lo tanto les de valor. Son apenas tres rostros simbólicos, como el que vemos bajo el título “Estampas a la Siciliana”. “La batalla cultural de las ciudades en el siglo XXI” dice otra. En otra se ve a una mujer recostada junto a Delibes “Los pájaros olvidados de Delibes” dice la portada. Los once rostros masculinos, en cambio tienen un nombre, Porter, Vargas Llosa, García Márquez, Ellroy, Canetti, McEwan , etc, etc.

Los rostros femeninos en las portadas apenas ilustran un tema o acompañan a un autor. Ellos no son autores ni temas de por sí. Apenas suplen la ausencia real de la presencia femenina en Babelia. Son un espacio silente en la cultura, aquella que Babelia intenta representar. Aquella que no se basa en esos rostros femeninos para echarla a rodar. La omisión de la mujer como artífice de la cultura: un mensaje subliminal pero absoluto.

Un mensaje que, a pesar de décadas de reivindicaciones y supuestas legislaciones progresistas, continúa transmitiéndose de antena a antena, como pequeñas hormigas trabajan en una cadena interminable para satisfacer la voluntad de la reina, en este caso el rey. Personificado en los extensos canales de la cultura en pos de voluntades y visiones patriarcales.

Harguindey nos dice que Babelia “ha querido evitar el sectarismo y la arbitrariedad.” Obviamente, en su definición de sectarismo y arbitrariedad no consta el silencio y la invisibilidad constantes de la impronta de la mujer en todos los ámbitos de la cultura.

 Alejandra Guibert
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2 respuestas a Las mil omisiones de Babelia

  1. Sophrosines dice:

    Hola Alejandra, ya hace tiempo que te sigo por el blog y me parece muy interesante la labor que has emprendido. Sólo quería felicitarte por esta última entrada pues has estado perspicaz y acertadísima.

    Saludos.

  2. Hola, me resulta de mucha utilidad el blog, y además en lo particular cubrí expectativas. No encuentro a Simone Weil ¿podrías ayudarme? Besos y gracias
    susana siveau

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