Canon e invisibilidad

Las mil omisiones de Babelia (2da parte)

Babelia celebra los mil números, dos décadas de cultura cada sábado en El País. Para ello invita a sus críticos, para que cada uno en su especialidad haga la elección de diez obras fundamentales, editadas en España a partir de 1991. Y luego nos dice: “veinte años que este suplemento ha ido dando las claves de la actualidad literaria y que ahora recogen su esencia en este canon.”

Del griego, canon significa regla norma o modelo. El diccionario de la Real Academia Española 1. Regla o precepto 2. Catálogo o lista. 4. Modelo de características perfectas. Por lo que un canon literario vendría a ser una lista modelo. Obras, como bien dice en el titular del especial 1000, “fundamentales”.

Para que una lista logre representar ese modelo, habría que utilizar un criterio de selección uniformizado. Una regla que contribuya con el objetivo de abarcar, sin limitar, la realidad de la producción literaria dentro de una época, en este caso a partir de 1991, según el canon publicado por Babelia. Asimismo esa regla debería responder a un sistema de recopilación que comience con la selección de sus recopiladores y termine con una primera selección de obras disponibles para su evaluación. Sólo así se llegaría a una lista representativa que alcance un valor y la convierta en canon. Ese sistema simple pero fundamental evitaría cualquier arbitrariedad que pueda desautorizarla.

Las obras aquí recogidas fueron seleccionadas por un total de dieciocho críticos, en quince categorías. Entre dieciocho, apenas tres son mujeres: Rosa Mora para la categoría de novela, Ana Rodríguez Fischer para la de cuento y Victoria Fernández para la de literatura infantil y juvenil (léase sutil estereotipo). De acuerdo con la elección de seleccionadores, Babelia comienza con la limitación de no tener representación de la opinión femenina para doce categorías entre ellas poesía, ciencias, historia, economía o filosofía (léase sutil estereotipo). Si consideramos que la proporción de lectores (incluyendo autores), que leen literatura escrita por autoras es baja, incluso antes de comenzar la selección de obras, Babelia ha pasado por alto la necesidad de una regla de inclusión en los seleccionadores, para llegar a un canon autorizado por su carácter abarcador.

El resultado es elocuente: ¡las obras escogidas por los dieciocho críticos pertenecen a 156 libros de autores y apenas 24 libros de autoras! Es decir, de las obras escogidas como modelo para un canon apenas el 13% han sido escritas por mujeres. Aunque huelgan las palabras, tomar en serio cualquier canon que parte de una selección tan parcial en sus seleccionadores y arbitraria en sus resultados sería ingenuo o en el peor de los casos disparatado. En realidad, las cientos de miles de personas que seguramente saldrán a la calle a comprar los libros de esta lista no son ni lo uno ni lo otro. Simplemente responden al sometimiento del status quo. Sin cuestionamientos, es lo que se les ha dicho durante veinte años. Así debe ser.

A esto se suma otra consideración. ¿No partimos de una arbitrariedad aún mayor, por ser la arbitrariedad generadora, cuando las obras escogidas por las editoriales españolas para su publicación responden a las mismas limitaciones que encontramos en la selección de obras aquí expuestas por Babelia? A lo largo de su trayectoria y su dedicación a la cultura Babelia representa la norma. Una norma que ostensiblemente se apoya en una visión patriarcal. Una visión que repetidamente acepta y promueve la invisibilidad de la mujer y de su papel como artífice de la cultura. Los acepta con su silencio, los promueve con la aparente normalidad en la exigua representación de la mujer en sus páginas, en forma de migajas, de mechada presencia como una guarnición al plato principal.

La construcción de cánones parece tener sólo un propósito, establecer valores impuestos por unos pocos, autonombrados jueces a dictar una norma arbitraria

¿No será que “las claves de la actualidad literaria” que con tanto orgullo Babelia afirma haber dado durante veinte años, son claves de un dominio de la cultura demarcada por límites patriarcales? Para los próximos mil, Babelia haría bien en desbaratar esos límites si pretende de aquí en adelante ser un fiel representante de la Cultura.

 

 

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