Artemisia Gentileschi

18 noviembre, 2011

   8/07/1593 – 1652

Pintora italiana de comienzos del barroco, hoy considerada una de las más talentosas de la generación de pintores influenciados por Caravaggio. En una era en que era inaceptable dentro del círculo artístico que una mujer pintase, fue la primera mujer miembro de la Accademia di Arte del Disegno en Florencia. Retrató el sufrimiento de mujeres fuertes en la mitología y en la Biblia, víctimas, suicidas, guerreras.

Artemisia nació en Roma, la hija mayor del pintor toscano Orazio Gentileschi. Desde niña mostró mucho más talento que sus hermanos trabajando en el taller de su padre. Al igual que para Orazio, el estilo de Caravaggio fue una gran inspiración en ese período, aunque el enfoque de Artemisia de los temas eran diferentes al de su padre, con un fuerte contenido naturalista. Aunque Orazio la apoyó a pesar de los prejuicios de la época, Artemisia tuvo que luchar contra las actitudes de sumisión psicológica tradicionales y los celos profundos por su talento excepcional.

Su primer trabajo a los 17 años, que muchos creían había pintado con la ayuda de su padre, fue Susanna e i Vecchioni (1610), una de las pocas pinturas que muestra la violación de Susanna como un evento traumático.

En 1612, su padre trabajó con Agostino Tassi en la bóveda del palacio Pallavicini Rospigliosi en Roma y decidió contratar al pintor para que diera clases privadas a su hija, ya que las escuelas de arte no permitían la inscripción de mujeres. Durante su tutela, Tassio violó a Artemisia con la ayuda de Cosimo Quorlis. Tassi prometió casarse con ella y continuó teniendo relaciones con Artemisia por un tiempo. Al renegar de su promesa, por estar casado, Tassi se enfrentó ante un tribunal papal luego de los cargos presentados por Orazio contra él por haber desflorado a su hija. Durante los siete meses del juicio, se descubrió que Tassi había planeado asesinar a su esposa, había cometido adulterio con su cuñada y planeaba robar algunos cuadros de Orazio. Artemisia tuvo que someterse a un examen ginecológico y fue torturada con empulgueras para verificar la veracidad de sus acusaciones. Finalmente Tassi fue condenado a un año de prisión, pero nunca cumplió la condena.

Un mes luego del juicio, Orazio dispuso la boda de su hija con Pierantonio Stiattesi, un pintor modesto de Florencia. Poco después la pareja se mudó a Florencia, donde Artemisia recibió el encargo de un cuadro para Casa Buonarroti y se convirtió en una exitosa pintora de palacio, con el mecenazgo de la familia Medici y Carlos I. En Florencia, Aretemisia y Pierantonio tuvieron cuatro hijos y una hija, Prudenzia, la única que sobrevivió hasta su vida adulta.

Artemisia tuvo gran éxito en Florencia y mantuvo buenas relaciones con los artistas más respetados de la época. También obtuvo los favores de Cosimo II de Medici y especialmente la Gran Duquesa Cristina. Tuvo amistad con Galileo Galilei, con quien mantuvo correspondencia durante largo tiempo. El sobrino de Michelangelo estimó su trabajo y la invitó a pintar el techo de la galería de cuadros de Casa Buonarroti.

Su éxito como mujer fue la razón de varios rumores sobre su vida privada. Al mismo tiempo se cree que el caso de su violación la liberó de las presiones sociales, y promovió la comprensión de algunas de sus obras en las que representa mujeres desafiantes y violentas. Obras notables de este período incluyen La Conversione della Maddalena, Giuditta con la sua ancella, ahora en el Palacio Pitti.

A pesar de su éxito, debido a gastos excesivos de la pareja, el período florentino no estuvo exento de problemas, con acreedores y con su marido, que la llevaron a regresar a Roma en 1621 para buscar un hogar donde criar a su hija. Más tarde, Artemisia tendría una hija natural e intentaría enseñarles a ambas el arte de la pintura, sin demasiado éxito.

A pesar de su buena reputación como artista, su fuerte personalidad y sus buenos contactos, Roma no era tan lucrativa como esperaba. En 1630 se mudó a Venecia de donde salían versos y cartas en reconocimiento de su obra con la esperanza de recibir más encargos. Su trabajo se había vuelto menos desafiante y más suave, con apenas retratos y heroínas bíblicas y menos encargos lucrativos en altares y palacios. Venere Dormiente, y Ester ed Assuero son ejemplos de la asimilación del luminismo veneciano.

En 1630 Artemisia se mudó a Nápoles, una ciudad llena de talleres y amantes del arte, en busca de nuevas oportunidades. Allí permaneció por el resto de su carrera, con la excepción de un corto viaje a Londres. Nápoles era para Artemisia un segundo hogar, donde cuidó de su familia ya que ambas hijas vivían con sus maridos en Nápoles. Hizo buenos contactos y comenzó a trabajar en pinturas en la catedral. En este periodo fue que pintó Nascita di San Giovanni Battista, hoy en el Museo del Prado in Madrid, y Corisca e il satiro, en una colección privada. En estas obras, Artemisia muestra su capacidad de renovarse con las novedades del período y presenta otros temas. También retocó y modificó obras de su padre, dotándolas de un realismo que antes no tenían. Les añadió una atmósfera dramática, acentuando el claroscuro a la manera de Caravaggio, contribuyendo así a que este estilo madurase.

En 1638 Artemisia fue a Londres, donde su padre Orazio era pintor en la corte de Carlos I. Padre e hija trabajaron juntos en Trionfo della pace e delle Arti en Greenwich. Artemisia también había sido convocada por Carlos I, quien como coleccionista obsesivo, estaba intrigado con la fama de Artemisia, de quien luego obtuvo el Autoritratto in veste di Pittura.

Orazio murió de manera repentina en 1639. Para 1642 Artemisia ya había partido de Inglaterra, aunque no se sabe con certeza el año. Y a partir de allí poco se sabe de sus movimientos. Se conoce, sin embargo, que en 1649 estaba en Nápoles, con Don Antonio Ruffo como su mentor. Artemisia continuó trabajando y recibiendo encargos hasta que murió presa de la plaga que devastó Nápoles en 1656, arrasando con una generación entera de artistas napolitanos.

Luego de su muerte, Artemisia Gentileschi cayó en el olvido, sus obras a menudo atribuidas a su padre o a otros artistas. La experta historiadora del arte, Mary Garrard observa que “Artemisia sufrió un abandono de los expertos que es impensable para un artista de su calibre”. Un renovado y merecido interés en su obra la reconoce como una talentosa pintora del siglo XVII y una de las más grandes entre las artistas mujeres. Su primera exposición se realizó en Florencia en 1991. Un documental, una obra de teatro y un lugar de relevancia en la historia del arte.

El interés por la figura artística de Artemisia, que se volvió inexplicablemente débil con el tiempo, recibió un fuerte impulso gracias a los estudios en clave feminista, que eficazmente subrayaron su sufrimiento por la violación y maltrato posterior, lo que determinaría la fuerza expresiva que asume su lenguaje pictórico cuando el sujeto representado eran sus heroínas bíblicas, que siempre parecen querer manifestar su rebelión contra las condiciones a las que les condenaba su género.

Giuditta che decapita Oloferne

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El puente de los asesinos

9 noviembre, 2011

 

Las patrias de Alatriste es el título del artículo de Guillermo Altares para Babelia del 22 de octubre. Se anuncia una vez más la aparición de un nuevo libro sobre este personaje de Arturo Pérez-Reverte. El “soldado cansado” que sin embargo no cansa a sus lectores ni a quien lo devuelve al ruedo para otra historia de violencia y de capa y espada.

El lenguaje en el artículo, inspirado por esta serie y su género contiene significados claros como las palabras clave de otros títulos del autor: “corsarios, asesinos, sangre, cólera, asedio…”
“Degollinas, violaciones, saqueos, salvajadas…” La nueva excusa es la historia y la necesidad de su revisión. Revisión que se transforma en regodeo y como admite Reverte “fervor y una misteriosa lealtad”. ¿“Entender el presente”? dice. Se nos enseña a pensar que es así cómo seguimos percibiendo el mundo o como deberíamos. “La condición humana” se excusan en llamarla. Más bien el anquilosamiento de las mentes y la negación de una evolución necesaria, buscada por millones, silenciada por quienes se acomodan en la conveniencia.

Se habla de los códigos de Alatriste. ¿“Honor”? Códigos del mundo patriarcal que vienen vapuleando al mundo en su totalidad. A sus poblaciones, el mundo natural, el bienestar, la evolución real. Conceptos que continúan negando una visión de la vida que difiera de códigos de control y poder. Mientras millones intentan liberarse de las cadenas patriarcales y su visión cartesiana afilada en el materialismo científico. El sillón de cuero acartonado de la Real Academia.

Éste título se nos presenta como ¡¿“un regalo a los alumnos de 3° para ensanchar su imaginación, alimentar su espíritu”?! ¡¿“Reconstruir un mundo…como parte de una historia cautivadora”?! “Hijo de las guerras como de Alejandro Dumas” dice Alameda de Reverte. ¿Gran destino para un futuro humano? No. Volver atrás, conectarnos con conceptos que con esfuerzo intentamos abandonar. No sólo para una vida mejor, sino para una conciencia que nos eleve.

La literatura, como todo lo que nos conecta en nuestro viaje humano -y más aún por su profunda influencia en la cultura, gracias a su nuevo carácter masivo- además de la supuesta talla en su facultad enriquecedora, no debería hacernos retroceder, desaprender. El empecinamiento de viejos modelos del ser que nos han llevado hasta el presente y de los que poco a poco nos vamos liberando. Hasta crear una nueva realidad que nos acerque y nutra. Dejemos que Alatriste y su mundo alicaído e irascible descanse en paz junto con Dumas. ¿Dos entregas más? Debe de estar embolsando buenos ingresos…Evitemos ofrecer al nuevo lector que se está formando una lectura fácil, que apenas lo entretenga. Sobretodo evitemos inspirarle una visión antigua de la vida, las costumbres, las relaciones, las aspiraciones, los valores del individuo.

“Lo mejor de Alatriste es que me permite volver a mi verdadera patria, la infancia recuperada a través de la literatura.” dice Pérez-Reverte. Altisonantes deben ser las frases. Para no desatender la (auto)importancia. ¿Es la verdadera patria de Reverte su infancia? No me extraña. Ese mundo infantil del que los mismos adultos no desean despertar. Eternizar el juego siniestro de la guerra. Dejar ese mundo infantil para mirarse por dentro y conectarse con la vida es el verdadero desafío.

Tres páginas enteras dedica Babelia a estos conceptos y una más a glorificar libros del Siglo de Oro, que deberíamos dejar en los museos o las bibliotecas. Como piezas de literatura valiosas, sí. Aunque también como muestras de una visión avasalladora, limitada, anacrónica, misógina. Una visión de la que debemos alejarnos cuanto antes. Si este mundo, en el que se nos ha regalado nuestra corta aunque significativa residencia, ha de convertirse en un lugar de todos. Para el disfrute, no la explotación; la reconciliación, no la separación; la creación, no la destrucción; para la práctica de la intuición, no la negación; la renovación, no el estancamiento.

Las patrias de Alatriste nos siguen llevando de las narices hasta un foco antiguo del progreso humano. ¿No es hora de que dejemos las “historias de aventuras” para crecer y evolucionar de manera conciente hacia un lugar más acorde con nuestra esencia, insospechadamente rica, y muchas veces oculta o negada a fuerza de todas esas mismas historias? “Brumosa tierra natal de nuestra alma… Alatriste me permite viajar nada menos que a los cimientos de nuestra condición  humana” asevera Pérez-Reverte. ¡¿Es esa la condición humana?! Como se dice en Inglaterra, ¡speak for yourself, Mr Reverte! ¡Habla por ti mismo!