Las mil omisiones de Babelia

28 enero, 2011

 

         

El País acaba de celebrar las mil portadas de Babelia. Mil números de una revista cultural cuya trayectoria comenzó el 19 de octubre de 1991. Ángel Harguindey nos dice en el número 1000: “Son portadas de literatura, música, arte, fotografía, arquitectura, diseño, moda, teatro, cine y pensamiento. Remiten en la mayoría de los casos a individualidades, a nombres propios que por una u otra razón estaban en ese momento en la cresta de la ola. Naturalmente, también hay homenajes a una vida y una obra al margen de su actualidad inmediata y las hay con contenidos temáticos. En resumen: hay de todo como en botica.”

 Todo menos un lugar de relevancia para la mujer, como se hace más que evidente en las pocas fotos en portada que representan al género femenino. Las fotos que exhibe en su número mil para representar las mil semanas de cultura muestran rostros femeninos sin identidad. Rostros bellos. Sin una vida que los avale, una substancia que suponga su espacio dentro de la revista, que los acredite y por lo tanto les de valor. Son apenas tres rostros simbólicos, como el que vemos bajo el título “Estampas a la Siciliana”. “La batalla cultural de las ciudades en el siglo XXI” dice otra. En otra se ve a una mujer recostada junto a Delibes “Los pájaros olvidados de Delibes” dice la portada. Los once rostros masculinos, en cambio tienen un nombre, Porter, Vargas Llosa, García Márquez, Ellroy, Canetti, McEwan , etc, etc.

Los rostros femeninos en las portadas apenas ilustran un tema o acompañan a un autor. Ellos no son autores ni temas de por sí. Apenas suplen la ausencia real de la presencia femenina en Babelia. Son un espacio silente en la cultura, aquella que Babelia intenta representar. Aquella que no se basa en esos rostros femeninos para echarla a rodar. La omisión de la mujer como artífice de la cultura: un mensaje subliminal pero absoluto.

Un mensaje que, a pesar de décadas de reivindicaciones y supuestas legislaciones progresistas, continúa transmitiéndose de antena a antena, como pequeñas hormigas trabajan en una cadena interminable para satisfacer la voluntad de la reina, en este caso el rey. Personificado en los extensos canales de la cultura en pos de voluntades y visiones patriarcales.

Harguindey nos dice que Babelia “ha querido evitar el sectarismo y la arbitrariedad.” Obviamente, en su definición de sectarismo y arbitrariedad no consta el silencio y la invisibilidad constantes de la impronta de la mujer en todos los ámbitos de la cultura.

 Alejandra Guibert

Una mujer esperanzada, una visión esperanzadora

26 noviembre, 2010

 

Leer a Nawal el Saadawi es fundamental. Es un acto de apertura para el individuo y la sociedad. Es un ejercicio de renovación. Su último libro The Essential Nawal El Saadawi: A Reader publicado por Zed Books Ltd, 2010

                

El rostro de Nawal el Saadawi es transparente. Aunque la intensidad de sus ojos sea de un negro lustroso. Refleja la profundidad de su ser creativo. Nawal se rodea de verdades, algunas dolorosas, otras inadmisibles. Y sin embargo, todas esperanzadoras. La esperanza del conocimiento que trae la conciencia. Nawal, que prefiere llamarse Zaynab como su madre es una mujer sin miedos. Una mujer de cabellos blancos que se expresa con la libertad de haberse despojado de las estructuras impuestas por el peso de la historia. La historia que Nawal intenta reescribir a partir del pensamiento analítico creativo.

“¿Por qué no hay miles de mujeres como usted? Necesitamos muchas mujeres como usted” le dice una mujer del público durante la charla en el Brighton Pavillion el 18 de este mes. A lo que Nawal responde “No soy la única. Hay miles de mujeres como yo. Se me conoce más porque he estado presa. Nada más”.

Nawal ha estado presa por estimular el pensamiento, por cuestionar los moldes del poder, por denunciar la injusticia y promover la libertad. Sus ideas no son más que la conciencia profunda de la realidad y la necesidad de un cambio radical. Tanto que tenga que comenzar por la unidad más pequeña de la sociedad, la familia. Y en ella la mujer, su fuente de energía creativa desde el vientre materno hasta la organización de la vida.

Defiende apasionadamente la disidencia. Para la creación de una nueva realidad. La disidencia como el cuestionamiento de lo preestablecido. Reglas que el mundo sigue a ciegas, un lenguaje que esconde ideas rancias que requieren renovación. Conceptos que por arcaicos no dejan de ser peligrosos, opresores, injustos.

Vivimos en un mundo fácil de analizar. La balanza pende claramente tendenciosa en su desequilibrio. Nawal nos explica el por qué con una lucidez cortante. Razones simples pero reales, claras aunque encubiertas. Bajo fachadas de democracia y progreso. Saber es la primera etapa para un cambio posible. Saber desde el vientre hacia fuera, con una mirada limpia de lo que nos han dicho toda la vida, la escuela, la iglesia, la familia, los mayores. Dejar los moldes para crear nuestros propios. Moldear el entorno, las instituciones, la sociedad desde una mirada transparente.